Cap. 71 ¿Está seguro de esto, señor Ottum?
La Mansión La Tormenta se había convertido en un cuartel general de contención. Isabella, con su impecable traje sastre, recibía a un equipo de abogados cuya facturación por hora podría pagar la educación universitaria de una persona. Su actitud era de una reina recibiendo a sus embajadores en tiempos de guerra.
En otra sala, Hugo Marín, aprovechando sus décadas de experiencia en relaciones públicas, coordinaba por videollamada con su equipo.
Su voz, usualmente calmada, era ahora un martilleo