Cap. 67 Y si no estoy equivocado
Lucius no respondió de inmediato. Su mente, por primera vez en semanas, no era un torbellino de ira y confusión. Era un campo de batalla en calma después de la explosión, humeante, devastado, pero quieto.
La imagen de Alba, de su fría determinación, de los ojos de Alicia detrás del vidrio de la suite médica, se superpuso a la del hombre derrotado que tenía frente a él.
—Voy a hacer lo que debí hacer hace tres años —dijo, finalmente, su voz recuperando un atisbo de la firmeza que lo había conve