Cap. 156 No dejes de explorar.
Una sonrisa pequeña, frágil pero real, asomó en los labios de Alicia.
—Con mamá y los bebés también.
—Con todos —confirmó él, el corazón desbordándose.
—Ahora duerme un poco más —dijo, arropándola de nuevo con una ternura infinita.
—Tienes que reponer fuerzas para ser mi compañera de aventuras, ¿bueno?
Alicia asintió, dejándose acomodar. Sus ojos, ya pesados, no lo soltaban.
—Te quiero, papi.
—Yo te quiero más, mi luz —susurró él, conteniendo la emoción que le cerraba la garganta.
Permaneció a su lado hasta que su respiración se volvió regular y profunda otra vez. Luego, besó su frente y salió de la habitación, sintiendo que dejaba un trozo de su alma en esa cama.
Su siguiente parada fue la guardería. El aire aquí era diferente: a leche, a talco, a posibilidades infinitas. Bajo la luz tenue de la lámpara nocturna, vio los dos corralitos.
En uno, Sebastián dormía boca arriba, un puño junto a la cara, sereno y pensativo incluso en sueños. En el otro, Luna se había enredado en su sábana,