Cap. 155 Hasta el amanecer
Lucius la miró, y en sus ojos se libraba una guerra interna. El hombre que quería protegerla de todo chocaba con el hombre que sabía que, sin ella, estaba perdido.
—Es muy peligroso —murmuró, su voz cargada de un miedo que no era por sí mismo.
—Lo más peligroso —susurró Alba, acercándose un poco más, hasta que sus frentes casi se tocaban—, sería perderte para siempre dentro de ese personaje. Santiago merece conocer a su padre. Alicia pregunta por ti. Yo… —su voz se quebró—, yo te necesito. No al heredero. A ti.
Un pequeño eructo, sorprendentemente fuerte para su tamaño, salió de Santiago, rompiendo la tensión. Lucius bajó la mirada hacia el bebé, que ahora dormía profundamente, una manita agarrada del cuello de la camiseta de su padre.
—Está bien —susurró Lucius, finalmente, la derrota más dulce de su vida—. Está bien. Pero hacemos esto juntos. Cada paso. Reinhardt es… impredecible. No te acerques a él sin mí.
Alba asintió, una oleada de alivio y amor tan poderosa que le debilitó las