Cap. 142 Alba… cuídate.
Varios de los poderosos presentes fueron a saludar tanto a Isabella como a Alba; eran, sin duda, las dos mujeres que realmente tenían poder en ese momento.
Entre saludos y sonrisas forzadas, y como buena embarazada de casi ocho meses, Alba sintió la urgencia ineludible de ir al baño. Isabella, siempre alerta, se dispuso a acompañarla, pero fue interceptada por un inversor clave que coordinaba el último proyecto de infraestructura y necesitaba una palabra urgente.
—Ve, yo voy bien —dijo Alba a su suegra, y siguió su camino.
Cuando salió del baño, un poco aturdida por la multitud y la pesadez, se sintió un poco perdida en los pasillos laberínticos del mausoleo. Caminó tratando de recordar el camino de regreso a la sala principal, sus tacones bajos haciendo eco en el mármol frío.
Dio una vuelta en lo que pensaba era la dirección correcta, hacia un pasillo más solitario y mal iluminado. Y entonces, sin advertencia, sintió unos brazos que la atraparon por detrás.
No fue violento. Fue envo