Cap. 141 Lo estoy
Catalina no dijo nada más. Dio media vuelta y salió de la oficina, su figura antes imponente, ahora encogida por el dolor y la derrota. Lucius volvió a su silla y miró los informes financieros en su pantalla.
No hubo un temblor en sus manos. No hubo un suspiro. Solo el silencio absoluto de una fortaleza emocional construida a base de renuncia y acero. Había dibujado una línea en la arena de su alma, y ni siquiera la muerte de su padre biológico la cruzaba.
Su familia, la que importaba, estaba a salvo. Todo lo demás, incluido el espectáculo de una muerte cercana, era ruido. Y Lucius Samaniego ya no tenía tiempo para el ruido.
Contra todo pronóstico, Elian Samaniego sobrevivió. Quince días más, en un limbo de tubos y monitores, en estado crítico. Pero su hijo, su anhelado heredero, nunca fue a verlo. Ni una vez.
Lucius manejó el imperio desde su oficina, sin mencionar el nombre del hombre que se extinguía en un piso superior de la misma clínica privada.
Catalina estaba destruida. No