El invierno volvió a Valdris, cubriendo la Villa Emberfall de una capa de nieve blanca que contrastaba con las rosas blancas protegidas bajo toldos. El atelier comunitario seguía abierto, lleno de luz y color, donde estudiantes de todas las edades continuaban aprendiendo a pintar. Elara estaba trabajando en un cuadro monumental, que reuniría todas las historias que había vivido: la capilla de Lumina, la Villa Emberfall, París, Kenia, México, y todos los seres queridos que habían formado parte de su camino. Mason le ayudaba a estirar el lienzo, mientras Lia observaba con curiosidad: “¿Qué representará este cuadro?” preguntó. “El legado de la cruz”, respondió Elara. “Un legado de amor, libertad y solidaridad”.
Un día, llegó una carta de la organización mundial de artes, invitándola a ser embajadora de la cultura y la paz. “Tu trabajo ha demostrado cómo el arte puede unir a personas de diferentes países y culturas”, decía la carta. “Queremos que lideres un proyecto global de talleres de