Capítulo 98

Cuando salimos del baño, todavía sentía el calor del agua sobre mi piel y el roce de las manos de Matías como una marca que no podía borrar. Lo miré de reojo, intentando descifrarlo, y me sorprendió descubrirlo distinto: tranquilo, satisfecho, casi feliz. Había en sus labios una sonrisa que pocas veces le conocía, una que no me pertenecía por completo, pero que me hacía pensar que, al menos por esa noche, él estaba en paz conmigo.

No tuve que preguntarle qué debía hacer después. Matías ya
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