Capítulo 84

La tela del vestido me rozó la piel con una sensación que ahora asocio sólo con falta de abrigo emocional: incomodidad. Me quité los zapatos al lado de la cama, los coloqué juntos, como quien intenta mantener un orden que la cabeza no tiene. Me apoyé sobre las manos y dejé que las lágrimas vinieran.

Al principio fueron sollozos tímidos, escondidos, casi como si temiera que se escucharan y alguien viniera a preguntarme si estaba loca.

Pero luego las lágrimas hicieron lo que tenía
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