El cansancio, el alcohol y la intensidad del momento me vencieron. No recuerdo cómo terminó, ni en qué momento mis párpados se cerraron por completo. Solo conservo flashes: su rostro inclinado sobre mí, el calor de su abrazo, su voz murmurando algo que no logro descifrar. Después, silencio.
Cuando desperté, la habitación estaba en penumbras. Mi cuerpo aún temblaba, confundido entre la realidad y el recuerdo. La cama olía a él, y en mi piel quedaban huellas invisibles de lo que había sucedido. N