Capítulo 50

Mis piernas apenas me sostenían. El aire me quemaba en los pulmones, como si hubiera corrido una maratón, aunque no había dado más que unos pasos desde que Sarah y Diego desaparecieron en la oscuridad.

Me quedé allí unos segundos, tratando de respirar. Sentía el corazón golpeándome en las sienes, un temblor incontrolable en las manos, en los labios, en todo el cuerpo. Había creído que podía enfrentarla, que descubrir la verdad me daría una ventaja, pero ahora entendía lo equivocada que es
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