Después de pensarlo por unos segundos compre y confirmé la compra del boleto, sentí una descarga de adrenalina recorrerme todo el cuerpo.
Apagué la luz más tarde, con el corazón todavía acelerado. Me recosté en la cama, pero no pude dormir enseguida. Me quedé mirando el techo, imaginando cada paso que daría en esa ciudad, cada conversación que sostendría, cada mentira que pensaba exponer. Y aunque sabía que el camino sería largo y difícil, me dormí finalmente con una sonrisa tenue en los labio