Capítulo 38

En el coche de regreso a casa, me quedé pegada a la ventana, viendo cómo las luces de la ciudad pasaban como destellos rápidos, sin poder concentrarme en nada más que en lo que acababa de suceder en la terraza. Sentía un cosquilleo extraño en el pecho, una mezcla entre adrenalina y alivio. Había dado un paso que parecía pequeño, apenas una conversación disfrazada de simpatía, pero que para mí significaba un mundo. Tenía el nombre del hospital. Tenía la primera grieta en la fachada perfecta de

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