Capítulo 148

A la mañana siguiente, abrí los ojos y la luz del amanecer se filtraba entre las cortinas.

El lugar a mi lado estaba vacío. Por un instante sentí un miedo irracional, como si todo hubiera sido un sueño. Pero entonces escuché el sonido de una bandeja al apoyarse sobre la mesa.

Alejandro apareció con una sonrisa y un desayuno que parecía sacado de una postal: panecillos, frutas, jugo de naranja, y una rosa en el centro.

—Buenos días, dormilona —dijo en voz baja—. No quería despertar
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Miranda Castroesa mala costumbre horrible que ajuro tienen que preñar a la ridícula de la protagonista para que ajuro tenga al hombre al lado...
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