El día había comenzado tranquilo, con la rutina que nos habíamos construido con Matías. Desayunamos juntos, paseamos por el jardín, reímos con nuestras pequeñas bromas. La seguridad que sentía en sus palabras y en sus gestos me había hecho olvidar cualquier duda. Me sentía completa, protegida, amada, como si todo el pasado doloroso y las semanas de distancia se hubieran disuelto en su abrazo.
Sin embargo, todo cambió cuando Matías, mientras tomábamos un café en la terraza, me miró con esa seri