Capítulo 104

Los días pasaban lentos, como si alguien hubiera decidido estirar el tiempo solo para castigarme. Todo se repetía, como una cinta vieja que nadie se atreve a cambiar. Yo respiraba, sí, pero no vivía.

Me despertaba en la madrugada, siempre a la misma hora. Abría los ojos y me encontraba en la misma cama, con las mismas sábanas arrugadas y el mismo silencio que pesaba más que cualquier grito. El dolor físico se había vuelto un compañero incómodo pero tolerable; lo que me destrozaba era la s
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