César tomó el documento de dos páginas, que era la declaración de Sira y la enfermera. Las revisó, pero no dijo nada. Al no haber evidencia suficiente para acusar a Sira de homicidio intencional, pronto la liberaron.
Al salir de la comisaría, Sira vio a César parado frente a su auto fumando. Tras el humo, la cara del hombre era sombría.
—César... —lo llamó con voz entrecortada.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—No sabía que algo así pasaría… Aún estoy muy asustada...
—¿Por qué estuviste en l