Tomado por sorpresa, Alfredo fue derribado al suelo por la fuerza del golpe. En ese momento, Celia reaccionó y se interpuso entre César y Alfredo.
—¿¡Por qué le pegas!? —le gritó a César furiosa.
Él se aflojó un poco la corbata. Su camisa había perdido un botón por su movimiento brusco, revelando su pecho, que se elevaba y descendía con el ritmo de su respiración.
—¿Te duele a ti a verlo así? —preguntó él.
Antes de que Celia pudiera responder, Alfredo se incorporó y se secó la sangre de los labi