—¡No intimiden a mi niña!
De pronto, Nieve salió corriendo, golpeando a Macarena y Rocío con la muñeca que tenía en las manos.
—¡Señora Rojas! —La detuvo Celia, tomándola del brazo.
—¡Puaf! ¡Son mujeres malas, mujeres malas! —Ella seguía golpeándolas.
Rocío y su madre retrocedían por los golpes. La primera, sin poder soportarlo más, gritó con ira:
—¿Estás loca o qué? ¿Qué clase de enfermedad tiene?
—Señorita, sea más respetuosa con mi madre. Aunque te apellidas Herrera, no te tengo ningún miedo