Celia entrecerró los ojos. Cuando iba a hablar, Ben, irritado, se le adelantó.
—Señorita Herrera, es mi derecho decidir con quién salgo. No tiene derecho para intervenir en mis asuntos.
Rocío no podía creerlo. Aparte de César, ningún hombre se había atrevido a ponerle esa cara. ¡Y además frente a Celia!
—Señor Rojas, ¿sabes qué? Ella es…
Antes de terminar las palabras, Rocío se atragantó y se tragó las palabras restantes. Quería decir que Celia era su cuñada, pero en su corazón nunca lo habría a