Capítulo 38
En la cocina aireada de la nueva casa, Fábio tarareaba bajito mientras removía la lenteja con carne picada en la olla. El olor del condimento se esparcía por el ambiente, mezclándose con el aroma del arroz suelto que ya reposaba a fuego lento. En un rincón del fregadero, un bol colorido con ensalada de zanahoria y judías verdes traía un recuerdo de la infancia, era el plato favorito de él y de Beatriz, hecho muchas veces por María.
Él sonrió solo, sintiendo una felicidad tranquila crecer dentro de su pecho. Por primera vez en mucho tiempo, sentía paz.
En la sala, Beatriz estaba sentada en el sofá, con ropa ligera, los pies apoyados en un cojín. Leonardo, con un cariño paciente, le masajeaba la espalda con las manos firmes y un toque cuidadoso, mientras la televisión pasaba un programa cualquiera que servía más como sonido ambiental que como distracción.
— Esto está demasiado bien —dijo ella entre un suspiro de alivio—. Ni siquiera parece real.
— Pero lo es, mi amor —re