Capítulo 48
Después del entierro, todos volvieron a casa. El ambiente era de silencio, de digestión lenta de todo lo que había sucedido, de la pérdida, de los recuerdos, de las sombras del pasado que se empeñaban en no desaparecer. Sin embargo, Leonardo cargaba un peso mayor. Sabía que no era el momento ideal… pero ¿cómo guardar por más tiempo lo que acababa de descubrir?
Beatriz le dio un baño a la pequeña Marisa con cariño, tarareando bajito, intentando alejar el dolor del día. Después, la amamantó, con Leonardo a su lado, ayudando en lo que fuera necesario. Cuando la bebé finalmente se durmió, envuelta en una mantita rosa claro, Leonardo besó la frente de su hija y miró a su esposa.
—Amor… —la llamó con voz baja—. ¿Podemos hablar un poco?
Beatriz asintió, desconfiada.
—Claro. Vamos a la sala.
Fueron juntos, caminando lentamente. En la sala, Fábio estaba tumbado en el sofá, los ojos fijos en la televisión, pero claramente distante, absorbido en sus propios pensamientos. No parecía p