Capítulo 37
El olor del ajo dorándose en la mantequilla llenaba la cocina de la Hacienda Fonseca. María removía los condimentos con delicadeza, tarareando bajito una canción sertaneja antigua que arrullaba su infancia. El delantal atado a la cintura, el cabello recogido y el rostro sereno reflejaban lo mucho que estaba en paz.
Elza cortaba verduras en la encimera a su lado, riéndose de un chiste de su sobrina, una adolescente animada que ayudaba a lavar la ensalada. Tía Augusta, sentada en una