Capítulo 49
Adalberto se quedó unos días en la hacienda de su hermano para descansar, matar la saudade y ponerse al día. Los dos se reían de los recuerdos de la infancia, cabalgaban juntos por los senderos que conocían de memoria y ayudaban a María con pequeñas tareas, aunque ella insistiera en que todo estaba bajo control.
Una mañana soleada, mientras el olor del pan de queso y el café fresco salía de la cocina, María vio un auto acercándose por el camino de tierra. Sonrió al reconocer a Beatriz bajando del asiento del copiloto con la pequeña Marisa en brazos. Leonardo se bajó del lado del conductor y Fábio, el hermano de ella, vino justo detrás, con una bolsa de regalos.
María fue hasta la tranquera a recibirlos con el corazón apretado y feliz al mismo tiempo.
—¡Mira quién llegó! —dijo, abriendo los brazos para abrazar a Beatriz.
—Perdóname por no haber ido al hospital —dijo Beatriz con los ojos llenos de lágrimas—. Fue todo tan rápido… el fallecimiento de mi papá, el entierro… much