Capítulo 46
La puerta de la casa se abrió con fuerza, golpeando contra la pared. Leonardo entró jadeante, el pecho subiendo y bajando rápidamente. El cabello despeinado, la camisa medio abierta y la mirada desesperada denunciaban lo mucho que había corrido.
—¿Nació? —preguntó aún sin aliento, escudriñando el ambiente con los ojos hasta encontrar a María al lado de la cama y, justo detrás de ella, a Beatriz sosteniendo al bebé.
Beatriz sonrió emocionada al verlo.
—Leonardo…
Él se acercó apresuradamente, pero vaciló al ver el paquetito en sus brazos. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Con cuidado, se agachó frente a las dos.
—¿Puedo? —preguntó con voz quebrada.
Beatriz asintió y, con cariño, colocó a la pequeña Marisa en los brazos del padre. Leonardo la sostuvo como si cargara su propio corazón fuera del pecho.
—Dios mío… Es tan pequeña… tan perfecta —susurró, las lágrimas cayendo sin control—. Ustedes son mi vida.
María se alejó discretamente, dejando el momento para los dos. Alejandro