Aimunan
La puerta del auto se cerró con un suave clic, separándome de la extraña confesión y del hombre que había hecho de ella su vida. El olor a cuero nuevo invadió el espacio, una familiaridad que por un momento me hizo olvidar lo que acababa de pasar. Miré a Alex, sus ojos fijos en el camino. No había dicho una palabra, su silencio era más pesado que el de antes.
—Haré lo que desees, ¿ A qué se refería?— pregunté.
La voz de Alex rompió el silencio, era grave y llena de un peso que no