Aimunan
Aimunan
La hipocresía tenía un olor. Un aroma pesado a incienso quemado y a perfume viejo que trataba de enmascarar algo podrido. Su mirada, una laguna oscura de resentimiento, me recorría buscando un rastro de miedo o de vergüenza en mis ojos, pero no lo encontraría. Alex me sostenía la mano con fuerza bajo la mesa, su piel tensa y caliente contra la mía. Era nuestro único ancla en medio de la tormenta.
Media hora antes...
El sol del mediodía caía a plomo sobre el auto. El aire a