Mundo ficciónIniciar sesiónAimunan
En aquel preciso momento se me ocurrieron todos los escenarios habidos y por haber. ¿Estaría involucrado en alguna red de trata? ¿Por qué un empresario como él pensaría en conocer a una simple mortal como yo? Sentí un escalofrío al pensar en las posibilidades. ¿Sabría dónde vivía? ¿Acaso la copa de anoche estaba adulterada? Uff, mi mente no dio para más y decidí que la mejor defensa era la ignorancia; decidí "hacerme la loca". Me dirigí hacia la multitud e intenté distraerme bailando, pero el nudo en el estómago se quedó ahí, recordándome que algo no estaba bien. Habían pasado dos horas y mi amiga, que no toleraba ni una gota de alcohol, se había pasado de copas. Esto no es bueno, ella lo sabe, pensé con preocupación cuando me pidió que nos retiráramos. Sin embargo, a esa hora no había taxis y en el apartamento estaban nuestros padres; no había espacio para que ella se recuperara con tranquilidad. Decidí pagar una habitación en el hotel. Al ver el precio de la cuádruple —la única disponible—, casi me da un infarto, pero por el descanso de mi amiga, me convencí de que valía la pena. Subimos al tercer piso y entramos a la habitación. Mi amiga, tambaleándose, encontró la cama y cayó rendida. Me senté a su lado mientras le quitaba los tacones, sintiendo cómo el peso de la noche me alcanzaba. Me quedé un rato en silencio, procesando todo, y luego les avisé a nuestros padres que estábamos bien. Amanecerá en unas horas, me dije, antes de unirme a ella para descansar. No pudimos disfrutar la noche, pero mi prioridad era que estuviéramos a salvo. 10:00 AM. Nos levantamos de golpe cuando escuchamos que alguien tocaba la puerta. Miré el teléfono: las diez de la mañana. Mi amiga abrió y regresó con una expresión de total confusión. —¿Pediste servicio a la habitación? —me preguntó. —No —respondí, sintiendo cómo el corazón me daba un vuelco. Al ver el carrito con aquel despliegue de comida, me acerqué y noté un papel doblado. Lo abrí y la caligrafía me hizo contener el aliento; era la misma de la nota anterior. Esta vez decía: “Que tu compañera lo disfrute”. Cuando miré hacia mi amiga, ella ya había devorado casi la mitad de un croissant. ¿Cómo puede comer con tanta calma?, me pregunté, indignada y asustada a la vez. —¡Qué! ¡Jamás rechaces una buena comida, amiga! —exclamó ella. Me metí al baño, me lavé la cara y me arreglé el cabello. Al salir, mi amiga ya no estaba en la mesa; la encontré hablando con alguien en la puerta. Ella me vio y se acercó con una sonrisa pícara. —Amiga, te buscan —me susurró al pasar, guiñándome un ojo—. ¿Ligaste y no me dijiste? Está muy bonito. Salí a la puerta y me topé con un hombre asiático de una presencia impecable. Me saludó en un español perfecto. —Señorita García, mi nombre es Jun. Trabajo en Industrias Ven&Lee y soy el asistente del Sr. Lee. El señor Lee la ha invitado a desayunar, por favor, no se niegue; mi trabajo depende de su respuesta. Un "no", y me mandará de vuelta a Corea. Pestañeé varias veces, intentando despertar de lo que parecía una pesadilla o un sueño muy extraño. Esto no puede ser real, pensé. Mis alarmas se encendieron de inmediato; la nota de anoche cobró un significado mucho más real y perturbador. —No me reúno con desconocidos —respondí, intentando sonar segura. —Acepte —agregó él con una seriedad que me erizó la piel—, o vendrá directamente para acá. ¿Qué clase de invitación es esta?, me cuestioné. Los pretendientes no solían llegar con amenazas. Analicé la situación rápidamente. Lo último que quería era involucrar a mi amiga en algo peligroso. Mientras estemos dentro del hotel, hay testigos, me convencí, intentando acallar el miedo. Antes de salir, miré hacia la habitación. —No me esperes, nos vemos en el apartamento —le dije a mi amiga. —¡Llegamos juntas y nos vamos juntas! —me cortó ella—. Te espero aquí. Si llega el mediodía y no has regresado, ¡tocaré todas las puertas! Esa es mi amiga, la mejor persona del mundo. Le devolví el beso sonriendo y asentí, aunque por dentro me sentía como si estuviera caminando hacia la boca del lobo. Caminé junto al asistente Jun hasta una suite que estaba a solo dos puertas de la nuestra. Demasiado cerca, pensé, mirando hacia todos lados buscando cámaras. El asistente me guió hacia el balcón, donde una mesa para dos aguardaba frente a una vista impresionante del centro histórico. Jun me indicó que tomara asiento y se retiró. Me quedé sola, preguntándome si aceptar aquella invitación era la mejor o la peor decisión de mi vida. En este país todo es posible, terminar muerta o desaparecida... ¿qué estoy haciendo aquí?, mi mente no dejaba de gritarme que huyera, pero ya era tarde. —¿Necesitas pensarlo un poco más? Su voz me hizo saltar del asiento. Él estaba ahí. Era más alto, más imponente y... mucho más guapo de lo que mi mente había registrado en la fiesta. Me quedé en blanco. A mis veintitrés años, nunca había visto a alguien que pareciera sacado de otra realidad. —Lamento haberte asustado… Munan. ¿Munan? ¿De dónde sacó ese nombre?, mi corazón empezó a galopar. ¿Nos conocemos de algún lado y no lo recuerdo?, la ansiedad me estaba consumiendo. —¿Quién eres? ¿Y qué quieres? —logré articular, poniéndome a la defensiva de inmediato. Un destello de sorpresa cruzó sus ojos, pero se recompuso al instante. —Mi nombre es Alexander —dijo, tendiéndome la mano—. Y con respecto a lo que quiero, aún no lo sé. Dudé, pero estreché su mano. Sus dedos estaban fríos, pero pronto sentí un calor extraño que me subió por el brazo. Sus palabras me sonaron a un juego manipulador. —Hasta entonces, no me vuelvas a llamar de esa forma —le advertí, queriendo marcar territorio. Sentí el cambio de temperatura en su piel y él me soltó de forma casi torpe. Miró hacia la ciudad como si buscara recuperar una compostura que yo acababa de romper. Nos sentamos, y mientras él bebía café, yo me aferré al vaso de agua. Sabe amargo, o quizá son mis nervios, pensé. —¿Realmente eres de aquí? —preguntó de repente. —¿Qué? —lo miré extrañada. ¿Qué clase de pregunta es esa? —Olvídalo —dijo, volviendo a su máscara de hielo—. Tenemos tiempo para conocernos. Mientras tanto, trabaja para mí. Voy a necesitar una auxiliar, ¿quieres aprender? Mi mente vaciló. La presentación de Jun cruzó mi mente, ¡Él es el CEO de...Industrias Ven&Lee!, me faltó el aire al darme cuenta. Hice mis pasantías ahí y nunca lo vi. ¿Este es el jefe del que todas hablaban?—ahora todo tenía sentido. —Hiciste tus pasantías en mi empresa; tu currículo destacó entre todos —continuó, observándome con una intensidad que me hizo sentir desnuda. ¿y es normal que el mismo CEO reclute personalmente a su personal?, las banderas rojas estaban por todas partes, pero la necesidad de un futuro profesional y la curiosidad me ganaron la partida. —¡Claro! ¡Por supuesto que quiero aprender! —respondí, tratando de no sonar demasiado desesperada. Oportunidades así no pasaban dos veces, aunque el precio por aprender de Alexander Lee, estábamos por descubrirlo.






