Aimunan
El silencio en el salón de la villa no era pacífico; era la calma pesada que precede al terremoto. Me quedé inmóvil mientras el abuelo de Alexander se acercaba a mí, sus ojos emitiendo una luz que no parecía de este mundo, una calidez que, extrañamente, me hacía sentir en casa a pesar de estar rodeada de extraños.
—¡Nari! —pronunció él. Su voz poseía un magnetismo celestial que me hizo parpadear con fuerza.
—¿Nari? —repitió Alexander, su voz cargada de una confusión creciente.
Ese nombre... lo conocía. Mi abuelo solía llamarme así en susurros cuando yo era pequeña, antes de que los libros de ingeniería borraran los ecos de la selva en mi cabeza.
—¡Nari Aimunan! —concluyó el abuelo, cerrando un círculo que yo ni siquiera sabía que existía.
El tiempo se detuvo. Un zumbido agudo comenzó a vibrar en mis oídos, una frecuencia desordenada de sonidos que, lejos de ser molesta, parecía estar sintonizando algo dentro de mi ADN. "Nari" en coreano significa Lirio. "Aimunan" en e