Aimunan
De vuelta en casa, me hice una promesa silenciosa: no permitiría que la ansiedad devorara mi presente. No iba a desgastarme por sombras que aún no cobraban forma. Alex, aunque su mente siempre estaba tres pasos adelante, aceptó mi decisión de esperar hasta el encuentro con mi hermano para desenterrar los secretos de la Asociación.
Las semanas siguientes se deslizaron con una serenidad casi irreal. Alexander parecía otro hombre; la noticia de su paternidad lo había reconstruido desde a