Aimunan
Habían pasado meses desde que la selva se convirtió en mi refugio. El dolor físico de la herida sanó gradualmente gracias a las medicinas de Isaac, pero el vacío que dejó Alexander, la traición a mi propia naturaleza, era el veneno que necesitaba purgar.
Yo estaba en el centro de la cabaña circular, la luz se estaba filtrando por el techo de palma. Isaac me había explicado: el Piasán sana cuando se reconcilia con la verdad. Mi verdad era que había elegido la ceguera, confiando en