Aimunan
El motor del todoterreno rugió suavemente, tragándose el ruido del tráfico de la mañana. Me recosté contra la manta, cerrando los ojos. El bip bip del monitor había sido reemplazado por el silencio sepulcral que la traición de Alex había dejado en mi vida.
Isaac conducía con una concentración pétrea. Trina iba en el asiento del pasajero, sujetando mi mano. La sensación de su calor y la de mi hermano a mi lado era el único antídoto contra el frío que Alexander había sembrado en mí