Aimunan
La tormenta se desató con una furia repentina. El viento sibilante y las centellas que rasgaban el cielo nocturno parecían responder a la tensión que se respiraba en mi cabaña. Jia, con los brazos cruzados y una expresión de triunfo amargo, esperó a que uno de los chicos le trajera un impermeable antes de desaparecer bajo la lluvia, dejándome a solas con mis pensamientos.
Me senté en la hamaca, mecida por el sonido del agua golpeando el techo de palmas. Las palabras de Jia daban vuelt