Alexander Lee
Necesito que estos días pasen rápido; si hay algo que desespera mi naturaleza, es la espera. Sin embargo, en esta selva, el tiempo parece tener sus propias reglas.
Aimunan está despertando en mí necesidades que jamás creí albergar. Si antes lo llamaba atracción, ahora me doy cuenta de que es algo mucho más profundo. ¿Es prematuro llamarlo amor? Tal vez. Anoche pude haberla hecho mía, pude haber ignorado todo y saciar este hambre que me consume, pero me detuve. Por primera vez en mi vida, puse el bienestar de otra persona por encima de mis propios deseos. No sé de dónde saqué la voluntad para no penetrarla cuando el deseo me estaba devorando los sentidos, pero su inocencia fue un ancla que me salvó de mi propio egoísmo.
Salí a correr al amanecer. Necesitaba que el aire frío de la selva despejara mi mente. Mis planes originales se están desmoronando frente a esta realidad. Querría poner todas las cartas sobre la mesa, pero el riesgo es demasiado alto: ella huiría. Ning