Aimunan
Evaluar cada roca a través de una pantalla es una tarea titánica. Sin poder sentirlas, sin sopesar su densidad o la vibración de su energía, me siento un poco a ciegas. Sin embargo, los días han transcurrido en una rutina extrañamente armoniosa. Desayunamos juntos y luego nos sumergimos en el silencio del laboratorio: él en su mundo de cifras y yo traduciendo notas y analizando minerales.
A veces, cuando lo observo de reojo, no puedo evitar preguntarme qué herida carga un hombre así p