Aimunan
—Sabes que siempre estaré aquí cuando me necesites —dijo Marcos. Sus ojos, cargados de una nostalgia que me partía el alma, recorrieron mi rostro como si quisieran memorizar cada trazo antes de que la selva nos separara de nuevo.
—Gracias, de verdad —respondí con sinceridad.
Nos fundimos en un abrazo apretado, un refugio breve en medio de tanto caos. En ese momento, no me importó el qué dirán, pero la piel se me erizó al sentir una presencia pesada a pocos metros. A través de la a