El Rescate Inesperado
No dije nada. Solo le dediqué una pequeña sonrisa a Sir Kael, tan forzada como la suya, e hice como si nada hubiera pasado, como si su velada amenaza no me hubiera calado hasta los huesos. Así que, con la cabeza en alto, continuamos la caminata por los establos. Kael siguió alardeando de su ciudad como si fuera lo mejor de todo nuestro reino, su voz llena de un orgullo insípido y una petulancia que apenas podía soportar.
En un instante, se retiró debido al llamado urgente