Esto es ridículo.
No me estoy muriendo, por Dios.
Estaba sentada en un sofá, con una bolsa de hielo presionando mi tobillo hinchado y una venda cubriendo el corte en mi ceja.
El médico había venido tan rápido como se lo había pedido Kilian, y aunque estaba completamente segura de que había visto cosas muchísimo peores en esta casa, me revisó y trató con el mismo profesionalismo.
Solo era un esguince leve y un corte superficial en la ceja.
No moriría por eso, solo tenía que descansar,