El alivio tras la partida de Catherine Vanderbilt fue efímero, como una bocanada de aire antes de volver a hundirse en aguas profundas.
Luciana aún sentía el calor de la mano de Ethan en su espalda, un ancla firme en medio del oleaje de seda, joyas y murmullos del salón de baile. Habían sobrevivido a la matriarca. Habían recibido una especie de bendición críptica. Pero la noche recién comenzaba y el campo de batalla estaba lejos de despejarse.
—No te relajes —murmuró Ethan cerca de su oído. Su