La ecografía del quinto mes confirmó lo que Lilly llevaba dos semanas anunciando con una seguridad que no descansaba ni en la ciencia ni en la prudencia, sino en esa mezcla muy suya de intuición, terquedad y gusto por tener razón antes que nadie.
—Te lo dije —declaró, todavía recostada en la camilla, con el gel frío sobre el vientre y el cabello recogido de cualquier manera—. Lo sabía. Este niño patea como si ya quisiera discutirle algo al mundo.
Freddy, de pie junto a ella, no respondió ensegu