El ático de Central Park West, en el cuarto año de Lucas, era exactamente lo que Luciana y Ethan habían querido que fuera cuando lo compraron.
Era cálido, amplio y lleno de vida.
Cálido.
Lleno de vida.
La biblioteca estaba llena de libros que se leían de verdad, con lomos torcidos, papeles entre páginas, una copa olvidada a veces sobre la mesa baja y Lucas empeñado en usar la sección de poesía como escondite provisional para dinosaurios pequeños cuando creía que nadie lo veía. La cocina era una