La foto de la graduación de Luciana llevaba tres años en el estante de la entrada del ático.
No estaba en el centro ni en un lugar que obligara a mirarla cada vez que uno cruzaba la puerta, pero tampoco escondida. Había quedado donde terminan quedando ciertas cosas cuando nadie decide moverlas y, precisamente por eso, encuentran una forma de pertenecer: al lado de una caja de cerillas de plata que Ethan ya no recordaba haber comprado, detrás de un pequeño jarrón de vidrio ahumado que Mary llena