La limusina atravesó las calles vacías hacia las afueras de la ciudad. Stefan miraba por la ventana sin registrar realmente el paisaje que pasaba: edificios dando paso a suburbios, luces de neón desapareciendo en oscuridad rural.
Nueve días y ya había aprendido lo peor: el tiempo podía humillar.
La marca roja ardía en su mejilla. La segunda bofetada de Luciana en una semana. Y Damian Cross deslizando esa maldita tarjeta en la mano de ella con esa sonrisa que Stefan conocía demasiado bien.
Había