— ¡Arrodíllate!
La voz de Ares sonó como un trueno y ante su gélida mirada el interpelado no pudo más que rogar por su vida.
—¡Piedad!,¡Se lo ruego!,no me mate.—Agregó el hombre antes de caer desmayado.
Ares hizo un gesto con la mano y un par de escoltas se acercaron,uno de ellos traía una cubeta con agua helada y la echó sobre el caballero mientras que el otro ayudaba a levantar a la víctima que había recobrado el sentido.
El hombre atemorizado se quebró y un llanto desesperado brotó de sus la