Ares creía que algo en el pequeño restaurante no estaba bien,su instinto se disparó cuando el camarero les ofreció una mesa muy cercana a la cocina.
Cerró los ojos y aspiro esa fragancia conocida,sacudió la cabeza,no pudo evitar susurrar:
— Debo estar volviéndome loco.
— ¿Qué me dijo?— El viejo párroco ya estaba perdiendo la audición.
El hombre negó con expresión lejana.El mozo se acercó y les sirvió dos tazones de sopa de fideos.
—¡Uhm!,delicioso,solo una persona hacía algo tan rico cómo esto,