Ares se quedó pensativo. Nunca antes había sentido tanto miedo como ahora, y no por él, sino por ella y por los niños, que eran la parte más delgada de esa soga.
La incertidumbre lo consumía; el peso de su pasado era una carga que le resultaba cada día más difícil de llevar.
Sus pensamientos se agolpaban, y a pesar de la frialdad que le confería su entorno, la seguridad de su familia se escapaba entre sus dedos como arena.
—Te hice una pregunta. ¿Estás dispuesto a comenzar una nueva vida en u