Ariadna se deslizó de nuevo a la suite de invitados que Dante le había asignado. No era una prisión, sino una jaula de oro. El aire acondicionado silencioso, el olor a limpieza costosa y la luz filtrada a través de las cortinas motorizadas creaban una atmósfera tan aséptica como opresiva. Era un lugar diseñado para la comodidad, no para la vida.
Dante se había marchado a su estudio, dejando un vacío cargado de órdenes y amenazas veladas. Céntrate en no romper la cadena de seguridad. Su voz reso