La película avanzaba en la pantalla gigante, pero el sonido de las explosiones se sentía distante, como un ruido blanco que no lograba llenar el vacío de la sala. El vino tinto ya empezaba a surtir efecto, relajando los músculos de Ariadna, pero la imagen de Miles con Leidy seguía grabada en su mente, quemando más que el alcohol.
Dante estaba sentado a una distancia prudente. No se movía. Su perfil era una línea dura recortada por la luz parpadeante del televisor. Tenía la copa en la mano, pero