Dante estacionó el coche frente al edificio de Ariadna.
Nadie hablaba.
El motor siguió encendido unos segundos, como si ninguno de los dos estuviera listo para moverse. Ariadna tenía la férula en la nariz y el abrigo sobre los hombros. El analgésico todavía no había hecho efecto. Sentía la cara pesada, adolorida.
—Vuelvo en unos minutos. Puedes dar una vuelta si quieres y.,..
—No voy a ir a ningun lado. Subiré contigo.
—Dante
—Ariadna. No discutas. Es mas rápido si colaboras. —dijo el pasand