Ariadna se obligó a sumergirse en la pantalla de su laptop para ignorar el vacío punzante que sentía en el pecho. El zumbido del aire acondicionado de la oficina era el único compañero en ese silencio denso, cargado de un resentimiento que parecía flotar en el aire como polvo suspendido. Durante los siguientes treinta minutos, sus dedos se movieron con una agilidad mecánica sobre el teclado, abriendo archivos que contenían la vida profesional de cientos de personas.
Estaba revisando la plantill